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viernes, 22 de junio de 2018

El Miedo Oratorio

El gran enemigo del orador –dice Loprete- es el temor o miedo al público; éste paraliza la lengua, seca la boca y la garganta, produce transpiración, engendra movimientos torpes del cuerpo (brazos y piernas), traba la articulación, la voz y lo que es peor, obnubila la mente. 

El miedo se origina en un estado físico de nerviosidad patológica; es un complejo de inferioridad permanente o transitorio, es una sobrestimación excesiva del propio yo, que lo torna sumamente celoso e intolerante con el mínimo fracaso.

El origen del miedo lo encontramos en la falta de confianza y seguridad personal, en la insuficiente preparación académica o en la natural reacción que experimenta toda persona al internarse en una situación inhabitual. Pero, al margen de todas estas disquisiciones “psicológicas” hay que comprender que el miedo es algo natural y parte inherente del ser humano.

El miedo se puede vencer

Los especialistas manifiestan que el miedo es un mecanismo de defensa, que nos sirve de protección para no recibir daño; nos mantiene alertas en situaciones de peligro para reaccionar ante las circunstancias amenazadoras, no es un enemigo, sino un aliado leal. 

Lo importante es aprender a canalizarlo y a utilizarlo constructivamente. “Sentir temor de manipular los cables de electricidad –nos dice Orbegozo- nos ayudará a cogerlos con cuidado y respeto... en estos casos el miedo es para protegernos”. “En cambio, sentir miedo de pedir un aumento cuando uno cree que se lo merece, no nos ayudará de ninguna manera... en estos casos el miedo esta perjudicándonos gravemente”.

No existe persona alguna sobre la tierra, que pueda decir: ¡Yo no tengo miedo! Y si lo hubiera, de seguro sería un habitante del manicomio, del cementerio o de otro planeta (extraterrestre). Todos las personas por naturaleza experimentamos el miedo, es parte integrante de nuestro ser. Pero, eso sí, hay muchas personas que pueden afirmar: ¡Yo puedo dominar el miedo! ¡Yo domino mis temores!

Estas personas han aprendido a controlar sus emociones, a dominar el miedo y temor oratorio, de tal forma que cuando salen a hablar frente al público, lo hacen como si fueran inmunes a este fenómeno. ¿Pero cómo lo logran? Eso es lo que vamos a analizar a continuación, sólo recordemos que, ¡Si ellos pudieron hacerlo, nosotros también podremos hacerlo!

LOS MECANISMOS DEL MIEDO.

El miedo es una respuesta natural del organismo. La reacción que se produce en el organismo tiene como fin prepararnos para huir del objeto o situación potencialmente agresiva o enfrentarnos a él. Cuando experimentamos este fenómeno psíquico paralizante, ocurre el siguiente proceso:

1. Recibimos el estímulo (una imagen o sonido)

2. En el cerebro el sistema límbico (que controla las emociones) procesa el estímulo.

3. Como respuesta, las glándulas suprarrenales segregan la hormona adrenalina. La adrenalina estimula el sistema nervioso simpático, aumenta la presión arterial, produce dilatación de las pupilas y ocasiona temblor.

Cuando se siente miedo en la práctica oratoria -nos dicen los especialistas y lo corroboramos con nuestra experiencia-, se reflejan un conjunto de síntomas que nos impiden expresarnos con claridad y facilidad. 

Uno siente que el cuerpo se paraliza, la lengua se inmoviliza, se produce una transpiración excesiva, se seca la garganta, se traba la articulación y la voz, los músculos del rostro se crispan, tratamos de refugiarnos sobre nosotros mismos y se genera un vacío cerebral. 

Es decir, nos aborda una neurosis pasajera, pero intensa. Uno se siente angustiado, existe una gran dificultad para conexionar ideas y encontrar palabras; se encuentra uno invalido por una sensación de vacío cerebral.

Los tipos de miedo que uno suele experimentar en oratoria, son de tres tipos, a continuación haremos una breve exposición de los mismos y daremos los consejos pertinentes para poder vencerlos.



Cómo empezar una conferencia


A.- Es muy difícil tener un buen comienzo. Y es tan importante que no lo podemos dejar al azar. Tenemos que prepararlo con cuidado y con anterioridad.

B.- La introducción debe ser breve. Debe constar a lo sumo de una de una o dos frases. Muchas veces prescindiremos de ella. Es mucho mejor entrar en el corazón del tema con las menores palabras posibles. Nadie se opondrá a esto.

C.- Los principiantes son muy amigos de empezar con un cuento humorístico o con una excusa. Estas dos maneras son malas. Casi siempre el auditorio queda desconcertado. Más que divertido. Muchas veces se ríen sólo porque no se sienta incómodo el orador.

JAMÁS PIDAMOS DISCULPAS! Es una afrenta al público y lo aburre.

D.- Se puede atraer la atención del auditorio de estas maneras:

DESPERTANDO LA CURIOSIDAD (Ejemplo: Saben Uds. que en la humanidad de nuestro siglo, entre nuestros contemporáneos, de cada tres hombres, dos son esclavos?... Hoy día, esclavos? Tantos? Dónde?... De cada tres hombres, hoy día en el mundo, dos no comen lo que necesitan).

CONTANDO UNA NARRACIÓN DE INTERÉS: La gente quiere que le contemos cosas interesantes y si es el fruto de una vivencia personal, el impacto será de gran fuerza.

COMENCEMOS POR UN EJEMPLO PRECISO: Es muy árido, difícil para un auditorio común y corriente, seguir por mucho rato proposiciones abstractas. Los ejemplos son más fáciles de escuchar y retener después, sigamos con observaciones generales.

MOSTREMOS ALGÚN OBJETO: EL mostrar un objeto a los oyentes confiere vida e interés al discurso y con esto logramos que concentren su atención sobre el mismo.

HACIENDO UNA PREGUNTA: Están organizados los vendedores ambulantes? Cómo? El uso de este recurso es uno de los métodos más seguros y sencillos para abrir la mente de los oyentes.

COMENZANDO CON UNA ACERTADA CITA DE ALGÚN ORADOR FAMOSO:  Las palabras de un hombre famosos siempre son capaces de concentrar la atención de nuestros oyentes... Si hacemos una pausa después de la cita, el efecto es mayor aún.

MOSTRAR CÓMO EL TEMA AFECTA A LOS INTERESES SUPREMOS: Vamos a hablar sobre la necesidad de conservar limpia nuestra ciudad. Si damos un discurso sobre urbanidad, sobre lo que es un pueblo desarrollado... poco le interesará a nuestros oyentes. Pero si le decimos que una ciudad limpia es la prolongación de nuestra casa limpia, que el no mantenerla limpia suponen más y más impuestos, para los gastos de barrenderos municipales, etc. Nuestros oyentes sentirán el tema mucho más cercano y más propio.

E.- No hagamos muy formal el comienzo. Comencemos con sencillez: “En meses pasados, durante un viaje de vacaciones, navegando por el Titicaca...” Esto despierta nuestro deseo de recibir todo el contenido de la narración iniciada como forma casual. De allí es fácil remontarse a la profundidad del tema que deseamos exponer.


miércoles, 20 de junio de 2018

Como terminar una conferencia

Lo más importante y lo más difícil en una charla o conferencia es el principio y el final.



Tenemos algunas personas que terminan así: “Bueno, esto es todo lo que tenía que decirles sobre este asunto  y por eso es mejor que ya termine.” Esta no es una terminación de una charla. Es un disparate. 

Hemos de terminar con un golpe de gracia, sin decir que ya se ha terminado.

Es muy necesaria la terminación de este final: No debe ser negativo, pesimista, opaco, ni brusco, ni deficiente, ni provocativo. Debe elevar a la altura de lo amistoso, de la belleza pura y hasta de la elocuencia poética. No debemos terminar con algo dentado. La conferencia debe ser redondeada, “terminada”.

Sugerencias para finalizar:

1.- Resumamos los puntos: Hasta en una charla de dos o de cinco minutos de duración podemos haber tocado tal variedad de puntos o de temas, que el auditorio, al final, no ve claro lo que hemos querido decir. 

El que habla lo ha asimilado durante un buen tiempo y por esto ve el orden lógico, distingue “las ideas madres”. El público en cambio ha recibido todo en pocos minutos y no ha alcanzado a asimilar nuestras palabras.

Se impone, por tanto, al final un resumen, un simple bosquejo.

Un político irlandés ha dado esta receta para hacer una conferencia: Primero digámosle qué les vamos a decir. Segundo, digámosle. Y tercero, digámosle qué les hemos dicho”.

2.- Debemos llevar a la acción: El orador quiere que se haga algo, por eso ha hablado. Debo decir qué es lo que se debe hacer. Toda conferencia que vaya a dar un resultado positivo no puede quedarse en el solo mundo de las ideas, debe llevar a las realizaciones concretas.

3.- Debemos ser galantes, pero con sobriedad y sinceridad: Debemos decir algo agradable a nuestro público. Debemos haberle manifestado amistad y cariño durante toda la exposición, y al final, un toque muy caluroso, que exprese y lleve nuestra simpatía y admiración. Pero para que sea efectivo debe ser sincero y dicho con sobriedad. De lo contrario es como una moneda falsa que se rechaza.

4.- La terminación puede ser humorística: “Déjenlos siempre riéndose, cuando les digan adiós”. Si tenemos facilidad para hacer reír y material, es una forma magnífica de terminar. Pero... cómo lo haremos? “Ahí está el detalle”. Cada uno debe hacerlo a su modo particular.

5.- Terminar con una cita poética: Ninguna mejor terminación para una conferencia que la humorística o la poética. Si tenemos una estrofa adecuada al contenido de la conferencia y que nos pueda servir para terminar, es lo ideal. Esto realza el discurso, lo dignifica, lo embellece, lo personaliza.

6.- La fuerza de una cita bíblica: En la Biblia se contienen los anales del cielo y de la tierra... todo lo que fue, lo que es y lo que será. Por eso una cita apropiada puede sintetizar todo y dejar una fuerte inquietud en el alma, capaz de cambiar toda una vida.

7.- Necesidad de ser breves: Vivimos en un tiempo de velocidad, de síntesis. El orador que no sabe ser breve es rechazado. No olvidemos que “lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aún malo, si breve, no tan malo”. Una tribu africana permite a los oradores hablar durante el tiempo en que se pueden mantener parados en un solo pie. Cuando el dedo gordo del otro pie toca el suelo, san se acabó. Tienen que terminar.

Por fin: Empieza a practicar. Siguiendo estas normas, evitando estos errores, prepara tus charlas y verás cómo vas mejorando día a día!. Ánimo. Eres un orador en potencia que puede llegar a convencer y arrastrar a muchos tras tus ideas!